Es el peor escenario posible para un museo: una instalación de vanguardia, valorada en miles de dólares, termina en el vertedero local porque el personal de limpieza hizo su trabajo “demasiado bien”.

1. “Dove andiamo a ballare stasera?” (¿A dónde vamos a bailar esta noche?)

Museo de Arte Contemporáneo de Bolzano, Italia (2015). Una instalación de las artistas Goldschmied & Chiari que representaba el final de una fiesta de los años 80. Consistía en botellas de champán vacías, confeti, colillas de cigarrillos y restos de serpentinas esparcidos por el suelo. La señora de la limpieza, al llegar por la mañana, pensó que el museo había organizado una fiesta privada la noche anterior y no habían recogido. Limpió todo escrupulosamente y separó las botellas en el contenedor de vidrio y el resto en el de basura general. El museo tuvo que restaurarla usando fotos de la inauguración.

2. “When It Starts Dripping From the Ceiling” (Cuando empieza a gotear del techo)

Museo Ostwall en Dortmund, Alemania (2011). Una pieza de Martin Kippenberger valorada en 800,000 euros. Incluía una tina de goma colocada debajo de una torre de madera. La tina tenía una pátina blanca de cal que simulaba agua estancada y seca. Una empleada de limpieza vio la mancha blanca en la tina y, pensando que era suciedad real, la frotó hasta dejarla impecable y reluciente. Los restauradores declararon que la obra estaba “arruinada irremediablemente”, ya que la esencia de la pieza era precisamente esa capa de sedimento.

3. La bolsa de basura de Gustav Metzger

Galería Tate Britain, Londres (2004). Titulada Recreation of First Public Demonstration of Auto-Destructive Art. Incluía una bolsa de plástico llena de basura real (cartones, papeles, restos). Un empleado de limpieza de la galería decidió que la bolsa “apestaba y se veía mal”, así que la tiró al compactador de basura. El artista tuvo que reemplazar la bolsa con otra bolsa de basura nueva. Lo irónico es que la obra trataba sobre la “autodestrucción” del arte, por lo que el error terminó completando el concepto del autor.

4. La “suciedad” de Damien Hirst

Galería Eyestorm, Londres (2001). Una instalación que incluía ceniceros llenos, tazas de café sucias, botellas de cerveza vacías y periódicos viejos en el suelo. Emmanuel Asare, un empleado de limpieza, declaró más tarde: “En cuanto lo vi, suspiré porque había mucha basura. No pensé ni por un segundo que fuera arte”. Lo metió todo en bolsas negras. Afortunadamente, los galeristas lograron recuperar los objetos de los contenedores antes de que se los llevara el camión, usando las fotos de montaje para poner cada colilla en su lugar exacto.

5. El rastro de grasa de Joseph Beuys

Academia de Bellas Artes de Düsseldorf (1973). Fettecke (Rincón de grasa). Beuys había colocado una mancha de grasa en una esquina de la pared como parte de su teoría sobre la energía y la materia. Durante una limpieza profunda de la academia, dos mujeres frotaron la pared con detergente fuerte hasta que no quedó ni rastro del material. El estado alemán tuvo que pagar una indemnización de 40,000 marcos de la época al coleccionista que había comprado la “mancha”.

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